Recoge solo los datos imprescindibles para prestar el servicio y cumplir requisitos legales. Define períodos de retención diferenciados para marketing, soporte y obligaciones financieras, con borrado seguro y verificable. Separa funciones entre equipos de medios y finanzas para reducir accesos innecesarios y conflictos de interés. Un catálogo de datos bien mantenido, con dueños claros y políticas revisadas, simplifica auditorías y respuestas a incidentes. La minimización disciplinada mejora el rendimiento técnico, reduce costos y, sobre todo, ofrece a los usuarios una promesa creíble de respeto y control sobre su información personal.
Evita cajones de sastre. Solicita consentimientos específicos y comprensibles, con opciones diferenciadas para analítica, personalización de contenido y servicios financieros. Mantén un registro auditable de finalidades, bases legales y revocaciones, enlazado al flujo de datos real. Cuando cambie una finalidad, comunica con antelación y ofrece decisiones significativas, no meros formalismos. Probar mensajes con creadores y audiencias revela qué explicaciones generan confianza. Un buen sistema de preferencias reduce quejas regulatorias, eleva la conversión y demuestra madurez ética en el tratamiento de datos sensibles vinculados a pagos y monetización.
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